La importancia de la respiración.
Dedicamos mucho
interés a lo que comemos y como lo comemos, a lo que bebemos y
cuanto bebemos. Sin embargo, es necesario adquirir consciencia del proceso respiratorio. Que no solo consiste en llenar
los pulmones de aire, sino que el oxígeno absorbido llegue hasta la
última célula. Además, se sabe que aparte de
ingerir oxígeno el proceso respiratorio aporta “energía vital”
o prana, que es lo que en realidad le da vida al cuerpo.
Nuestra capacidad
pulmonar total de inspiración puede ser de aproximadamente 6 litros,
cuando normalmente solo inspiramos 0.5 litros. Intentaremos aumentar la capacidad respiratoria y reducir el
número de respiraciones. Esto hace que nuestra sangre esté más
oxigenada, el corazón trabaje a un ritmo menor y con menos esfuerzo,
nuestra tensión arterial se regularice, el oxígeno llegue con mayor
calidad a cada célula, el diafragma funcione de manera adecuada, los
pulmones estén más flexibles y tengan mayor capacidad, que el
movimiento del diafragma sea el adecuado y favorezca el metabolismo,
que los órganos abdominales trabajen mejor al sentir el masaje del
movimiento diafragmático, etc.
Pronto pondré
más información sóbre la respiración Ujjayi o respiración
oceánica, que hemos conocido en clase.
Inhalar por la
nariz influye en la liberación de cortisol y en la actividad de
distintas áreas cerebrales, mientras que las exhalaciones disminuyen
el ritmo cardíaco y nos relajan.
Los humanos
tomamos aire para respirar entre 17.280 y 23.040 veces al día.
Aunque no siempre lo hacemos de la misma manera: podemos inhalar
profundamente, hacerlo por la nariz o por la boca. Y algo parecido
ocurre cuando exhalamos.
Si bien es un
acto involuntario al que, en general, no le prestamos atención, la
respiración tiene variados e importantes efectos en nuestro cuerpo.
Basta con pensar en la desagradable sensación de ahogo, incomodidad
e incluso ansiedad que sentimos cuando no podemos respirar bien
debido a un catarro o una alergia.
Las fosas nasales
contribuyen a filtrar, humidificar y calentar el aire, preparándolo
para su viaje a los pulmones. Pero los beneficios de inhalar por la
nariz, van mucho más allá: provoca la liberación de diferentes
hormonas, cambia el ritmo del latido del corazón, e incluso afecta
al almacenamiento de recuerdos.
Al nacer
los niños, de forma natural, respiran por la nariz, pero en nuestra
cultura occidental, empezando por nuestros padres, educadores y
muchos sanitarios, la respiración nasal está infravalorada.
Hay
excepciones...
Durante la
práctica deportiva intensa, debe prevalecer la respiración nasal.
Pero según el grado de esfuerzo haremos una respiración combinada
(coger aire por la nariz y soltarlo por la boca). A medida que se
intensifica el trabajo físico, podemos pasar a una respiración
oral exclusivamente.
Durante la
recuperación de dicho esfuerzo físico, siempre debemos
recurrir a la respiración combinada. Conseguiremos una respiración
más pausada por el aumento de la resistencia, que nos beneficiará
de una respiración alveolar periférica más amplia.
La
recuperación inmediata es mejor si respiramos bien por la
nariz, pues utilizamos una respiración mixta consiguiendo así una
expansión pulmonar más alargada y completa.

¿Sabias que?
El volumen de
aire que circula en un solo sentido por las fosas nasales es de entre
6 y 8 litros por minuto, aunque puede llegar a los 60 litros. Tanto
las estructuras de la nariz (la válvula nasal) como los tejidos con
capacidad eréctil que presenta se encargan de regular este flujo de
aire.
Además, los
estímulos nerviosos, posturales e incluso hormonales influyen en el
ciclo respiratorio nasal, que se caracteriza por la congestión y
descongestión alterna de las cornetas nasales y las zonas eréctiles
del tabique. Esto se traduce en que siempre hay una fosa nasal que
respira y otra que descansa, ¿Sabias esto? ¡Curiosísimo!.
Este curioso
fenómeno contribuye a mantener el equilibrio en nuestro organismo,
por esto mismo, conoceremos después en este aula, la respiración
“Nadi shodhana” o respiración alterna.
Cuando respiramos
por la fosa derecha, la circulación se acelera, aumenta la
temperatura corporal, la glucosa en sangre y los niveles de cortisol
(la hormona del estrés) y aumenta la presión sanguínea. Sin
embargo, cuando lo hacemos por la fosa izquierda, se da el efecto
contrario: baja la presión sanguínea, la temperatura se reduce y
disminuye la ansiedad, pero también la actividad metabólica del
cuerpo. Nada de esto puede suceder si respiramos por la boca.
El efecto
relajante de una exhalación...
Así, durante la
fase de inhalación, el sistema nervioso simpático, provoca en
general una ligera aceleración del ritmo cardíaco. Por el
contrario, cuando expulsamos el aire de los pulmones, estimulamos el
nervio vago, que a su vez contribuye a la liberación de un
neurotransmisor que causa la desaceleración de los latidos a través
del sistema nervioso parasimpático.
Cuando exhalamos,
todo el cuerpo se calma. De ahí que funcionen los métodos de
relajación basados en la respiración. Además, cuando tomamos una
respiración profunda, el diafragma desciende y provoca un abundante
influjo de sangre en la caja torácica. Cuando expulsamos el aire,
este gran volumen de sangre se distribuye por el resto del
organismo.
Así que, también
conoceremos la respiración Oceánica o “Ujjayi pranayama” en los
próximos apartados.
Cuando inhalamos,
se estimulan neuronas del córtex olfativo, la amígdala y el
hipocampo, implicados en el procesamiento de las emociones, los
recuerdos y los olores. El miedo o el estrés, que aumentan el ritmo
de la respiración y hacen que empleemos más tiempo tomando aire,
podrían inducir una respuesta más rápida en el cerebro ante un
posible peligro.
Como vemos,
respirar es mucho más que introducir y expulsar aire de nuestros
pulmones. Aunque el cuerpo no necesite ayuda para realizar esta
función vital, nuestro organismo y nuestra mente pueden beneficiarse
si le prestamos un poco más de atención.
Nuestra capacidad pulmonar total de inspiración puede ser de aproximadamente 6 litros, cuando normalmente solo inspiramos 0.5 litros. Intentaremos aumentar la capacidad respiratoria y reducir el número de respiraciones. Esto hace que nuestra sangre esté más oxigenada, el corazón trabaje a un ritmo menor y con menos esfuerzo, nuestra tensión arterial se regularice, el oxígeno llegue con mayor calidad a cada célula, el diafragma funcione de manera adecuada, los pulmones estén más flexibles y tengan mayor capacidad, que el movimiento del diafragma sea el adecuado y favorezca el metabolismo, que los órganos abdominales trabajen mejor al sentir el masaje del movimiento diafragmático, etc.
Pronto pondré más información sóbre la respiración Ujjayi o respiración oceánica, que hemos conocido en clase.
Inhalar por la nariz influye en la liberación de cortisol y en la actividad de distintas áreas cerebrales, mientras que las exhalaciones disminuyen el ritmo cardíaco y nos relajan.
Los humanos tomamos aire para respirar entre 17.280 y 23.040 veces al día. Aunque no siempre lo hacemos de la misma manera: podemos inhalar profundamente, hacerlo por la nariz o por la boca. Y algo parecido ocurre cuando exhalamos.
Si bien es un acto involuntario al que, en general, no le prestamos atención, la respiración tiene variados e importantes efectos en nuestro cuerpo. Basta con pensar en la desagradable sensación de ahogo, incomodidad e incluso ansiedad que sentimos cuando no podemos respirar bien debido a un catarro o una alergia.
Las fosas nasales contribuyen a filtrar, humidificar y calentar el aire, preparándolo para su viaje a los pulmones. Pero los beneficios de inhalar por la nariz, van mucho más allá: provoca la liberación de diferentes hormonas, cambia el ritmo del latido del corazón, e incluso afecta al almacenamiento de recuerdos.
Al nacer los niños, de forma natural, respiran por la nariz, pero en nuestra cultura occidental, empezando por nuestros padres, educadores y muchos sanitarios, la respiración nasal está infravalorada.
Durante la práctica deportiva intensa, debe prevalecer la respiración nasal. Pero según el grado de esfuerzo haremos una respiración combinada (coger aire por la nariz y soltarlo por la boca). A medida que se intensifica el trabajo físico, podemos pasar a una respiración oral exclusivamente.
Durante la recuperación de dicho esfuerzo físico, siempre debemos recurrir a la respiración combinada. Conseguiremos una respiración más pausada por el aumento de la resistencia, que nos beneficiará de una respiración alveolar periférica más amplia.
La recuperación inmediata es mejor si respiramos bien por la nariz, pues utilizamos una respiración mixta consiguiendo así una expansión pulmonar más alargada y completa.
¿Sabias que?
El volumen de aire que circula en un solo sentido por las fosas nasales es de entre 6 y 8 litros por minuto, aunque puede llegar a los 60 litros. Tanto las estructuras de la nariz (la válvula nasal) como los tejidos con capacidad eréctil que presenta se encargan de regular este flujo de aire.
Además, los estímulos nerviosos, posturales e incluso hormonales influyen en el ciclo respiratorio nasal, que se caracteriza por la congestión y descongestión alterna de las cornetas nasales y las zonas eréctiles del tabique. Esto se traduce en que siempre hay una fosa nasal que respira y otra que descansa, ¿Sabias esto? ¡Curiosísimo!.
Este curioso fenómeno contribuye a mantener el equilibrio en nuestro organismo, por esto mismo, conoceremos después en este aula, la respiración “Nadi shodhana” o respiración alterna.
Cuando respiramos por la fosa derecha, la circulación se acelera, aumenta la temperatura corporal, la glucosa en sangre y los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y aumenta la presión sanguínea. Sin embargo, cuando lo hacemos por la fosa izquierda, se da el efecto contrario: baja la presión sanguínea, la temperatura se reduce y disminuye la ansiedad, pero también la actividad metabólica del cuerpo. Nada de esto puede suceder si respiramos por la boca.
El efecto relajante de una exhalación...
Así, durante la fase de inhalación, el sistema nervioso simpático, provoca en general una ligera aceleración del ritmo cardíaco. Por el contrario, cuando expulsamos el aire de los pulmones, estimulamos el nervio vago, que a su vez contribuye a la liberación de un neurotransmisor que causa la desaceleración de los latidos a través del sistema nervioso parasimpático.
Cuando exhalamos, todo el cuerpo se calma. De ahí que funcionen los métodos de relajación basados en la respiración. Además, cuando tomamos una respiración profunda, el diafragma desciende y provoca un abundante influjo de sangre en la caja torácica. Cuando expulsamos el aire, este gran volumen de sangre se distribuye por el resto del organismo.
Así que, también conoceremos la respiración Oceánica o “Ujjayi pranayama” en los próximos apartados.
Cuando inhalamos, se estimulan neuronas del córtex olfativo, la amígdala y el hipocampo, implicados en el procesamiento de las emociones, los recuerdos y los olores. El miedo o el estrés, que aumentan el ritmo de la respiración y hacen que empleemos más tiempo tomando aire, podrían inducir una respuesta más rápida en el cerebro ante un posible peligro.
Como vemos, respirar es mucho más que introducir y expulsar aire de nuestros pulmones. Aunque el cuerpo no necesite ayuda para realizar esta función vital, nuestro organismo y nuestra mente pueden beneficiarse si le prestamos un poco más de atención.